(Don Lope y Pedro Crespo hablan entre ellos).
Don Lope: ¿Sabéis, vive Dios, que es
capitán?
Pedro Crespo: Sí, vive Dios;
y aunque fuera él general,
tratándose de mi honor,
le ejecutara.
Don Lope: A quien tocara,
ni aun soldado menor,
solo un pelo de la ropa,
viven los cielos, que yo
le ajusticiara.
Pedro Crespo: A quien se atreviera
a un poco de mi honor,
viven los cielos también,
que también le ahorcara yo.
Don Lope: ¿Sabéis que estáis obligado
a sufrir, por ser quien sois,
estas cargas?
Pedro Crespo: Con mis bienes;
pero con mi honra no.
Al rey, la hacienda y la vida
se ha de dar; pero el honor
es patrimonio del alma,
y el alma solo es Dios.
Don Lope: ¡Vive Cristo, que parece
que vais teniendo razón!
Pedro Crespo: Sí, vive Cristo, porque
siempre la he tenido yo.
(En este dialogo en el que hablan el rico labrador, Pedro Crespo y el jefe del Capitán de los soldados, Don Lope de Figueroa discuten y riñen cada uno de su honor y describen sus respectivos honores y como lo defienden, uno el del labrador y el otro el de jefe del Capitán).
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